Ficción Súbita

A veces sucede que cae en tus manos una antología de autores o una revista de esas antiguas que guardas de cuando tus propios comienzos. Títulos como Ficciones o La Caterva, revistas de las que ya han pasado nada menos que veinte años, media vida casi para algunos. El tiempo es el gran escultor, que escribió Marguerite Yourcernar, pues limpia, fija y da esplendor, sí, como la RAE, pero a cinceladas de olvidos. Pero queda la letra impresa, la misma que leíste en su momento pero ya sin las brumas de la prisa con que buscabas tu relato entre los otros muchos que había allí recopilados, entre los textos de autores que luego perseveraron como Ángel Olgoso, Miguel Ángel Moleón o Andrés Neuman, escritores hoy prolíficos que por aquel entonces pugnaban por publicar sus primeros cuentos. El ayer, el hoy y el mañana del espejo de las letras se suceden en Granada, la ciudad preciosa por antonomasia, donde uno se enternece y, con un poco de vértigo, ve cómo pasa el tiempo mientras que algo permanece, al menos la letra, al menos el recuerdo.
Algo así pienso que sucederá con los relatos recopilados en esta Ficción súbita que ahora ve la luz, un debut literario para la mayoría de los que aquí publican con esa mezcla de deseo y miedo tan indispensable ante la escena pública. Un día mirarán atrás y recordarán este texto que dieron a la imprenta, y la ilusión de verlo impreso, de saber que lo que un día fue solo el germen de una historia concluyó en un relato o en un poema compartido, comentado, leído, en definitiva, vivo.
Todo comienzo tiene también esa mezcla de frescura que renueva y de paso incierto en la espesura. Es para dar suelo a esos primeros tanteos para lo que nacieron los talleres de escritura que con el tiempo se van consolidando como las espontáneas escuelas de escritura que en nuestro entorno cultural nunca existieron. Se palpa en estos textos, como bien notará el lector, la urgencia de las palabras que necesitan ser expresadas; se mezclan en ordenado desorden historias de lo más variopinto, a veces en sucesión arbitraria (nótese que el orden elegido para la publicación de los textos no es más que el alfabético) con poemas o prosas poéticas; se aprecian, en fin, destellos de buenas historias bien contadas. Con ese afán de compendiar lo diverso es con el que se publica este libro, que no aspira a otra cosa más que mostrar una panorámica, un retrato coral de lo que hoy se está escribiendo por Granada, esta ciudad ya encumbrada al Olimpo sagrado de las ciudades Literarias junto a Praga o Paris y que, como aquellas, sigue gestando muchos y buenos escritores que, o bien nacieron aquí o bien se llegaron hasta la simpar falda de la Alhambra para precisamente (¿secretamente?) sentir la punzada de esa emoción inolvidable que provoca este espacio vivo y poético donde no inspirarse debería ser delito o, al menos, estar mal visto.
No hay más pretensión para los que elaboraron esta Ficción súbita que la de dar a conocer, divulgar y, dando cauce, dejar que el tiempo realice su criba pues, entre los muchos nombres que aquí muestran su talento para las letras, seguro que un puñado sabrá sacarle el lustre a esa virtud que ya se anuncia.
Aún así, si no hubiera perseverancia en el oficio de la escritura, seguro que muchos de los que aquí incluyen sus textos recordarán pasados los años los buenos tiempos compartidos en un taller de escritura creativa, ya en un Carmen del Albaicín ya en algún café literario del Centro, donde la amistad se fundió con la charla para, entre palabra y palabra, dar paso a la emoción, ese hilo que da sentido, narratividad, argumento a tantos imborrables recuerdos, a tantas Ficciones súbitas como aguardan a ser escritas en el tintero.

CUBIERTAS

César Requesens. Octubre de 2016.