Literántropos 2

Páginas: 44
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Editorial

i chingEl primero de los hexagramas del I CHing es lo Creativo. No podía ser otro el comienzo de uno de los libros más misteriosos que jamás se hayan escrito, un texto inspirado usado como método adivinatorio y como brújula en la vida.

Lo creativo se representa con seis rotundas líneas horizontales. El equilibrio absoluto, según el dibujo, es lo que conduce al éxito de la creación. Sorprende esta visión del Tao y, por ende, de la ancestral tradición China. A los occidentales, imbuidos del espíritu industrial, de la imagen romántica del creador torturado y en permanente parto existencial, nos cuesta entender que lo crucial del acto creativo es la constancia, un momento de luz y luego perseverar en el empeño por agrandar el canal que lleve esa luz hasta la salida del papel en blanco. Una chispa que enciende el motor, pero un paso solo no hace el camino, sino su sucesión en una misma dirección.

Cuesta transmitir esta idea a aquellos espíritus inquietos que se acercan a escribir cada tarde a nuestro Taller de Escritores en sus actuales sedes de la Casa de Porras y la librería La Qarmita. No digamos ya en las mañanas sabatinas en que el grupo más avanzado, los Literántropos, se reúnen en torno a la amistad y la escritura abierta a todos, o en los intensivos de fin de semana con nuestra escritora de cabecera, Clara Peñalver y su sorprendente método de La habitación sellada. No es fácil asumir la idea de constancia en la formación del escritor que comienza, casi de continuo, con un rapto rayano en la locura de poner por escrito sus pensamientos y, luego, a tomarse más y más en serio hasta buscar a aquellos que han mordido la misma manzana.El encuentro con los iguales suele serenar el espíritu. Al llegar al taller de escritura comprobamos que no estamos solos en mitad de la inmensidad que contempla el televisor o va de compra compulsiva. El escritor solitario comparte con los suyos.

Del veneno de crear ficciones ya saben los escritores que publican en este segundo número de Literántropos. La buena salud del proyecto de este grupo literario ya con revista propia queda patente en la buena acogida —y hasta sorpresa general por la calidad del continente y el contenido— de aquel primer número de junio de 2015. Los literántropos vinieron para quedarse, desde la diversidad de sus orígenes dispares, unidos por la escritura en Granada, a recoger tanta poesía suspendida en el aire.

Este segundo número ofrece textos diversos unidos por la frescura y el aliento de una imaginación liberada. No sólo los miembros de Literántropos han vivido esa liberación que da escribir lo que te viene en gana sino que al grupo se han sumado nuevas voces que se orbitaron en este taller donde la palabra se trabaja desde esa misteriosa noche de la mente donde anida el fermento fecundo de toda idea a punto de nacer. Así brotaron estas obras en los que memoria, experiencia, imaginación y lenguaje escrito se funden para desarrollar textos que nos arrancan por unos instantes de la realidad que nos rodea para llevarnos, de la mano de sus autores, a las regiones más acogedoras de la ficción.

El mismo goce con que han sido escritos se transmite al lector que puede recrearse en este puñado de breves quimeras donde habitar durante unas horas o días tal vez. No es otro el fin de la literatura. Aprovéchese y, si provoca la gana de escribir, dele curso y, si lo desea, envíe a esta revista el producto de su imaginación despertada. Los literántropos disfrutarán viendo que su esfuerzo ha encontrado eco entre los lectores que les han elegido.

César Requesens